Una entrevista de selección no es un trámite, es un espacio de confianza, o debería serlo. Porque cuando el candidato se relaja, aparecen cosas que no están en el CV, pequeñas confesiones, matices, verdades incómodas… que nos permiten entender el encaje real.
Y eso no sale de un guion. Si nos limitamos a hacer preguntas “correctas”, obtendremos respuestas “perfectas”, las que el candidato ha aprendido en LinkedIn, en foros o en cualquier manual. Y entonces todos cumplimos y si acertamos… será por pura estadística.
Seleccionar bien no es seguir un proceso inflexible, es saber leer entre líneas. Por eso, cuando alguien dice “ya hago yo las entrevistas, me llegan muchos CVs”, suele estar infravalorando lo más importante: interpretar.
Porque esto no va de entrevistar, va de decidir bien, y eso, cuando no hay criterio, se paga: en tiempo, en rotación… y en oportunidades perdidas. La selección no es intuición, es oficio.
¿Estamos realmente entrevistando… o solo siguiendo un guion?
