Hay una conversación incómoda que como consultores de RRHH debemos tener más a menudo.
La que ocurre cuando lo que el cliente quiere, lo que realmente necesita y lo que existe en el mercado… no coinciden. Y pasa mucho más de lo que parece. Un cliente quiere un perfil muy específico porque necesita resolver un problema concreto en su organización. Pero el mercado ofrece otra realidad, otros niveles de experiencia, otras expectativas salariales, otras combinaciones de habilidades… Y ahí es donde empieza nuestro verdadero trabajo.
Porque si no ayudamos al cliente a alinear esas tres variables, el proceso nace con un problema de origen: expectativas poco realistas, perfiles que nunca terminan de encajar, procesos que se alargan o candidatos que se caen, y al final, todos sentimos que hemos trabajado mucho para llegar a ninguna parte.
Por eso una parte esencial de nuestro rol como consultores no es buscar candidatos, es ordenar prioridades y ayudar a responder preguntas incómodas como: ¿Qué es realmente imprescindible para este puesto? ¿Qué es deseable pero negociable? ¿Qué está dispuesto el mercado a ofrecer… y qué no?
No siempre es la conversación más fácil, pero si es la más valiosa. Porque cuando las expectativas, necesidades y mercado se alinean, los procesos fluyen y cuando no lo hacen, ningún esfuerzo, por grande que sea, logra compensarlo. Al final, el éxito de un proceso de selección no depende de encontrar al candidato perfecto, depende de construir el mejor equilibrio posible entre realidad y expectativas.
Y ahí es donde empieza la verdadera consultoría.

LA SELECCION EN LA PYME
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